Cómo recuperar la microbiota después de quimioterapia (y radioterapia). Casos reales

Desde que hice mi doctorado en cáncer de mama y cáncer de colon, observé por primera vez algo que me llamó muchísimo la atención. Veía que había mujeres que respondían mejor al tratamiento oncológico y otras que, en cambio, no respondían igual, aun estando en situaciones parecidas. En concreto recuerdo a Virginia y Juani. Ambas estaban diagnosticadas de cáncer de colon en un estadío IV y tenían mismo tratamiento de quimio. El tratamiento en Virginia resultó como una escoba que le barría las células tumorales y en cambio en Juani no era efectivo. ¿Cómo había tanta diferencia? ¿Qué influía?

En ese momento empezamos a mirar también el papel de la microbiota. Analizamos las heces y vimos que, cuando había presencia de determinadas bacterias, esas personas eran mejores respondedoras al tratamiento. En concreto Virginia tenía una bacteria llamada Akermansia Muciniphila, que es gran productora de butirato. El butirato sabemos que contribuye a mejor funcionamiento de nuestras defensas. Fue ahí cuando empecé a interesarme muchísimo por este tema, porque entendí la importancia de la microbiota en el cáncer y su tratamiento.

Eso es lo que quiero explicarte en este post, microbiota y cáncer desde la realidad de consulta, qué puede pasar con los tratamientos y cómo trabajamos para recuperar el intestino después, de forma práctica y adaptada.

Si quieres tener toda la información de alimentos, menús para tu microbiota, lo tienes en mi guía de nutrición.

Y si prefieres que lo adaptemos a tu tratamiento y a tus síntomas, aquí está la consulta online

 

Recupera tu microbiota

Tratamientos que tocan el intestino y síntomas que no te dejan vivir.

No te voy a explicar aquí lo que es la microbiota, porque ya tienes un artículo donde lo cuento con calma y de forma más completa. Te lo dejo por aquí por si quieres leerlo después:https://www.nutricionvive.com/blog/cancer-y-microbiota/

Hoy quiero centrarme en otra cosa. En lo que veo en consulta. En casos reales.

Recuerdo el caso de Agustín.

Agustín me llamó un día desde Castellón y lo primero que me dijo fue: “¿Es usted la doctora Liliana?”. Yo le respondí que sí. Y entonces me soltó, casi sin respirar: “Si tiene usted unos minutos, me gustaría hablarle de mi caso. Mi mujer la escuchó en una entrevista que le hicieron en una cadena de radio nacional… y es mi última esperanza”.

A Agustín lo habían operado hacía cuatro años de un cáncer de colon y, en cuanto al cáncer, todo había ido muy bien. Pero se había quedado con algo que le estaba destrozando el día a día: una pouchitis. Y me lo explicó con palabras muy sencillas, de esas que te llegan: “Es una necesidad imperiosa de ir continuamente al baño”. Y ahí se le quebró un poco la voz cuando me dijo lo que de verdad importaba. “Yo antes jugaba al pádel. Iba a buscar a mis nietos. Hacía vida normal. Y ahora… todo esto me está condicionando mi calidad de vida”.

En ese momento, más que hablar de microbiota o de intestino, lo que yo escuché fue a una persona que estaba cansada de vivir pendiente del baño. Y esa es la realidad que hay detrás de muchos casos digestivos después de un cáncer de colon.

En el caso de Agustín, lo que yo le expliqué fue muy sencillo. Que íbamos a trabajar dos cosas, pero con una idea clara para que él lo entendiera.

Le dije: imagina que el colon es una fábrica. Una fábrica que hace muchas funciones, pero sobre todo regula la fibra y los líquidos. Y cuando ese colon está “malito”, es como una fábrica que de repente se ha quedado sin suficientes trabajadores. No puede hacerlo todo igual que antes. Entonces se trata de darle menos trabajo.

Ahí le expliqué que teníamos que regular la fibra, que teníamos que regular los líquidos… pero sin pasarnos de unas líneas rojas. Y esas líneas rojas, para mí, son sagradas: Agustín tenía que estar bien nutrido, bien alimentado. Porque si por intentar “parar el intestino” te quedas sin energía, sin proteína y sin fuerza, al final pierdes por otro lado.

Yo le preparé una pauta que a mí me gusta llamar dieta balneario. Se lo dije así para que lo visualizara. Como si cogiéramos al colon, lo lleváramos a un balneario, y durante unos días bajáramos el ruido. Como si apagáramos la televisión. Y luego, cuando el intestino empieza a dar margen, volvemos a ponerlo en marcha, incorporando poco a poco alimentos, sin prisas, y viendo qué tolera y qué no.

A Agustín le fue muy bien. Le fue tan bien que todos los años me envía un décimo de lotería por Navidad. Y siempre me dice lo mismo: que su calidad de vida ha mejorado tanto, que eso no tiene precio.

Si sientes que estás en un punto parecido al de Agustín y necesitas una dieta de este tipo, con una estrategia para «curar tu intestino malito»  y luego ir reintroduciendo alimentos poco a poco, tienes dos opciones según lo que busques ahora mismo.

Si quieres una estructura práctica para orientarte por síntomas y momentos, la tienes en mi guía. Y si prefieres que lo aterrice a tu caso, a tu tratamiento y a tu situación concreta, lo trabajamos en consulta online o presencial

Te cuento ahora el caso de Lucía.

Lucía fue una paciente con un tumor de ovario. La operaron, después pasó por diferentes tratamientos y quimioterapias, pero con el tiempo la enfermedad evolucionó y actualmente tiene metástasis. En su caso, esas metástasis aparecen en la parte inferior del vientre, en la zona del peritoneo, y el tratamiento que recibe ahora es radioterapia.

Ella tiene que irradiar esas metástasis aproximadamente una vez al año. Y la primera vez que lo hizo fue durísimo. Estuvo con diarreas muy fuertes durante casi dos meses. Y cuando hay diarrea así, durante tanto tiempo, el problema no es solo “ir muchas veces al baño”. El problema es lo que arrastra detrás: pérdida de proteínas, de vitaminas, y un riesgo alto de malnutrición.

A partir de ahí decidimos que, si iba a repetir radioterapia, no podíamos esperar a que aparecieran los síntomas para reaccionar. Teníamos que hacer un plan previo.

Y lo hicimos así, en dos fases.

Durante el mes anterior establecimos una primera pauta, con un probiótico concreto y una dieta alta en fibra soluble. La elección del probiótico, mejor dicho de las cepas es muy importante. De hecho la mayoría de los probióticos que se venden no sirven. A día de hoy  es necesario leer muchos estudios científicos en los que se investiga en casos reales de pacientes que cepas mejoran la eficacia de los tratamientos y reducen síntomas.

Y en los 15 días previos al inicio del tratamiento hicimos una segunda pauta, con otro probiótico diferente y una dieta sobre todo basada en pectinas, mucílagos y almidón resistente.

Lo que observamos después fue muy llamativo. Apenas tuvimos cuadros de diarrea. Fue tan sorprendente que el propio radiólogo le pidió a Lucía información sobre la dieta que habíamos hecho, para poder dársela a otras pacientes que estaban en su misma situación.

Si te encuentras en una situación en la que tu tracto digestivo «protesta» de alguna manera: diarrea, gases, hinchazón… no duces en ponerte en contacto conmigo, PUEDO AYUDARTE : consulta online o presencial

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Doctora Liliana Cabo García

¡Bienvenidos! Soy Liliana Cabo García, experta en Nutrición Oncológica y asesoramiento nutricional personalizado para pacientes con cáncer 🌟 Si buscas mejorar tu calidad de vida durante y después del tratamiento, ¡no dudes en contactarme! 📩 Estaré encantada de ayudarte en este camino hacia una vida más saludable 🌿💪

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