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ToggleCuando termina la quimioterapia, la radioterapia o una cirugía, muchas personas sienten que ha llegado el momento de recuperarse.
Y entonces aparece una pregunta que escucho muchas veces en consulta:
“¿Qué puedo tomar ahora para recuperar?”
Empezamos por mirar qué ha ocurrido durante esos meses.
- ¿Ha perdido peso?
- ¿Ha perdido músculo?
- ¿Está comiendo suficiente proteína?
- ¿Tiene menos fuerza que antes?
- ¿Hay algún déficit en la analítica?
- ¿Continúa con tratamiento hormonal u otra terapia durante los próximos años?
Porque recuperarse después de un cáncer no significa tomar muchas cosas. Significa detectar qué necesita esa persona y actuar sobre ello.
El músculo también se puede cuidar durante el tratamiento
Algo que me alegra especialmente en consulta es comprobar que no siempre tenemos que esperar a que termine la quimioterapia para empezar a recuperar.
He acompañado a pacientes durante todo su tratamiento en las que uno de nuestros objetivos era precisamente evitar que perdieran masa muscular.
Adaptamos la alimentación a cada ciclo, buscamos alimentos que toleraran bien, aumentamos la densidad nutricional cuando había poco apetito y vigilamos especialmente la cantidad de proteína.
Y cuando después de varios meses compruebas que esa paciente ha conseguido mantener su masa muscular a pesar de haber pasado por la quimioterapia, sabes que ese trabajo ha merecido la pena.
Porque el músculo no es únicamente una cuestión estética.
La American Cancer Society recomienda que la valoración nutricional comience desde el diagnóstico, entre otras cosas, para prevenir déficits nutricionales y preservar la masa muscular durante el tratamiento.
Por eso, aunque muchas veces hablamos de “recuperarse después del cáncer”, parte de esa recuperación debería comenzar durante el propio tratamiento.

La intervención nutricional individualizada puede ayudar a mejorar el peso y la composición corporal en supervivientes de cáncer. Fuente: Ryding et al., Journal of Cancer Survivorship.
Proteína: probablemente el primer punto que revisaría
Si queremos mantener o recuperar músculo, necesitamos comprobar si realmente se están cubriendo las necesidades de proteína.
Las guías ESPEN de nutrición en cáncer recomiendan una ingesta superior a 1 g de proteína por kg de peso al día y, si es posible, hasta 1,5 g/kg/día, siempre individualizando según la situación del paciente, llegando a 2 g durante la quimio.
Esto cobra todavía más importancia cuando el tratamiento no termina al acabar la quimioterapia.
Pienso, por ejemplo, en muchas mujeres con cáncer de mama que van a continuar durante años con tamoxifeno o inhibidores de aromatasa.
En este tipo de situaciones me interesa especialmente cuidar la composición corporal, mantener el músculo y asegurar que la ingesta de proteínas sea suficiente. Ya que la menopausia inducida provoca pérdida de masa muscular y ganancia grasa abdominal.
Pero llegar a esa cantidad de proteína no siempre es sencillo.
Hay pacientes que comen poco, otras que toleran peor determinados alimentos o simplemente descubren, cuando calculamos su alimentación, que están bastante por debajo de sus necesidades.
Ahí un suplemento de proteína puede ser útil.
No porque un batido tenga algo especial para “combatir el cáncer”, sino porque nos ayuda a cubrir una ingesta de proteína que con la alimentación no estamos consiguiendo alcanzar.
Y esa diferencia me parece importante.
¿Y el omega-3?
También es uno de los suplementos que utilizo en algunos pacientes.
EPA y DHA se han estudiado en nutrición oncológica y pueden valorarse dentro de una estrategia nutricional individualizada, especialmente cuando la alimentación aporta cantidades insuficientes.
Pero tampoco tiene sentido convertirlo en un suplemento obligatorio para todo paciente que haya tenido cáncer.
Antes quiero saber cómo come esa persona, cuánto pescado azul consume, qué tratamiento mantiene, cuáles son sus necesidades y qué queremos conseguir con la suplementación.
Cuando utilizamos un omega-3, además de la cantidad de EPA y DHA, me parece importante fijarse en la calidad del producto, su pureza y los controles que existen sobre oxidación y contaminantes.

Los omega-3 se han estudiado en pacientes con cáncer por su posible efecto sobre diferentes parámetros nutricionales y de composición corporal. Los resultados siguen siendo heterogéneos y deben interpretarse dentro del contexto clínico de cada paciente. Fuente: Ghoreishy et al., 2024.
Vitamina D: mejor medir que adivinar
Con la vitamina D ocurre algo parecido.
Es frecuente que una persona termine un tratamiento y empiece a tomar vitamina D porque ha leído que “es buena para las defensas” o porque conoce a otra paciente que la está tomando.
Pero la dosis no debería decidirse así.
Lo razonable es valorar la situación individual y, cuando esté indicado, comprobar sus niveles mediante una analítica.
Esto es especialmente relevante en algunas mujeres con cáncer de mama tratadas con inhibidores de aromatasa, donde además debemos prestar atención a la salud ósea.
Si existe insuficiencia o déficit, suplementaremos.
Si no existe, no necesitamos añadir vitamina D simplemente “por si acaso”.
Suplementar no consiste en acumular productos
Proteína, omega-3 o vitamina D pueden tener su sitio.
Pero primero tiene que existir una razón para utilizarlos.
Cuando recomiendo un suplemento también reviso algo que a veces se olvida: qué más lleva ese producto.
No es lo mismo una fórmula sencilla, donde sabemos exactamente qué cantidad del nutriente estamos administrando, que un suplemento con diez extractos vegetales diferentes, antioxidantes y otros compuestos.
Esto es todavía más importante en personas que continúan tomando tratamientos hormonales, terapias dirigidas u otros medicamentos, porque debemos valorar posibles interacciones.
También me fijo en la procedencia de las materias primas, la dosis, la forma química y, cuando existen, las certificaciones externas.
Dentro de este tipo de opciones se encuentra la tienda especializada en suplementos alimenticios Kobho Labs, que dispone de suplementos de proteína, omega-3, vitamina D, magnesio y otras formulaciones.
En productos concretos encontramos además elementos interesantes desde el punto de vista de la calidad. Por ejemplo, su omega-3 especifica las cantidades de EPA y DHA y cuenta con certificación independiente IFOS.
Eso no significa que todos necesitemos tomarlo.
Significa que, si hemos decidido que una suplementación está indicada, también debemos preocuparnos por qué producto estamos utilizando.
Primero alimentación. Después, si hace falta, suplementación
Después de un tratamiento oncológico no recomiendo empezar a tomar una lista de suplementos para “recuperar el organismo”.
Prefiero hacer algo mucho más sencillo: ver cómo está comiendo esa persona, comprobar si está cubriendo sus necesidades de energía y proteína, valorar su masa muscular, revisar los tratamientos que mantiene y utilizar las analíticas cuando sean necesarias.
Y después decidir.
A veces habrá que aumentar la proteína de la alimentación.
A veces utilizaremos un suplemento proteico porque con la comida no llegamos.
En determinados pacientes valoraremos un omega-3.
Y otras veces una analítica nos indicará que tenemos que corregir una vitamina D baja u otro déficit.
Significa dar al organismo exactamente lo que necesita.
Referencias
- Muscaritoli M, Arends J, Bachmann P, et al. ESPEN practical guideline: Clinical Nutrition in cancer. Clin Nutr. 2021;40(5):2898-2913.
- Rock CL, Thomson CA, Sullivan KR, et al. American Cancer Society nutrition and physical activity guideline for cancer survivors. CA Cancer J Clin. 2022;72(3):230-262.
- Ryding HG, Mitchell LJ, Rigby RR, et al. Effectiveness of dietetic care for cancer survivors in the primary care setting: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Cancer Surviv. 2025;19:1694-1725.
- Ghoreishy SM, et al. Dose-Dependent Impacts of Omega-3 Fatty Acids Supplementation on Anthropometric Variables in Patients With Cancer. Clin Nutr Res. 2024;13(3):186-200.








