Captura de pantalla 2016-03-27 a las 18.53.36Yo soy de la generación de niños de EGB que solíamos llegar del colegio, coger nuestro “bocata” y salir a la calle a jugar. Esos juegos en la calle constituían nuestras actividades extraescolares; el balón, las canicas, bicicleta, patines, gomas y cuerdas sustituían a los móviles y consolas… Nuestras “chucherías”: pipas, cacahuetes y chicles. Eramos felices sin twitter, sin facebook y sin gusanitos, patatitas, cheetos, bollycaos y demás productos similares. Podíamos ver programas infantiles sin que en cada intermedio los anuncios nos bombardearan con refrescos, cacaos, galletas, pizzas, salchichas… Nuestras madres no tenían tanta oferta de “todo” para comprar, no había “productos” para aumentar nuestras defensas. De hecho no creo que nuestras defensas estuviesen bajas pues no recuerdo haber tenido ningún compañero de clase celiaco, intolerante, alérgico…

Hoy en día tenemos muchos más productos para elegir que los que había entonces, productos más seguros y de mayor duración y por qué no decirlo productos más apetecibles. Sin embargo, han aumentado las enfermedades relacionados con el excesivo consumo de esos productos tan apetecibles por su alto contenido de sal, azúcares, grasas poco saludables, y también por la falta en nuestra dieta de productos tradicionales como las legumbres, las frutas y las verduras.Captura de pantalla 2016-03-26 a las 17.06.45

El estudio ANIBES (1) publicado el año pasado puso de manifiesto de qué tipo de alimentos proceden las calorías que toman los niños españoles. En el gráfico observamos que el peso de las calorías diarias en niños de 9 a 12 años recae en el pan, pastelería y bollería y carne y derivados. Las frutas y verduras que deben constituir la base de nuestra alimentación se encuentran en la posición decimotercera y decimocuarta respectivamente.

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Respecto a los adolescentes, el estudio ANIBES estima que al igual que en el caso de los niños, son las carnes y derivados y el pan y pastelería los grupos de alimentos que más calorías aportan a su dieta. Observamos que el consumo de refrescos azucarados es superior al de frutas y verduras.

Las consecuencias de tener esta inadecuada alimentación las estamos sufriendo actualmente y serán más graves en el futuro. Actualmente nos encontramos entre los países con mayores tasas de obesidad infantil (2). La escasez de fibra en la dieta, producida por la insuficiente ingesta de alimentos de origen vegetal como fruta, verduras, legumbres, frutos secos puede conllevar a que estos niños y adolescentes desarrollen enfermedades futuras (3).

¿Qué podemos hacer para invertir esta situación? Sin duda la solución es difícil porque para empezar deberíamos cambiar las políticas sanitarias actuales. Pero en nuestra mano está intentar comer mejor, comprando productos naturales y cocinándolos. En lo referente a las meriendas es importante evitar productos procesados: galletas, bollerías, chucherías… Es fácil que los padres o madres compren este tipo de productos porque:Captura de pantalla 2016-03-27 a las 16.55.14

-Se dejan llevar por la publicidad del envase o publicidad de la televisión. El envase siempre nos dirá
“cosas” buenas y atractivas del producto. Pero hay que leer el etiquetado. ¿Queremos alimentar bien a nuestros hijos? Pues busquemos alimentos con vitaminas, minerales, hidratos de carbono complejos, sin azúcar refinado ni grasas poco saludables. Algunas  galletas como las “dinosaurus” están avaladas por la asociación española de pediatría o el bollycao por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Información. Sin duda estas asociaciones avalando productos de este tipo hacen un flaco favor a la lucha contra la obesidad infantil. Una pequeña esperanza se ha abierto en febrero de este año cuando la Asamblea General de la Organización Médica Colegial (OMC) ha aprobado una declaración de la Comisión Central de Deontología (CCD) sobre los conflictos ético-deontológicos que plantea la publicidad avalada por instituciones, organizaciones y sociedades científico médicas en la que se concluye que es contrario a la ética avalar productos alimentarios de dudoso beneficio para la salud  y, mucho menos, cuando puedan ser incluso perjudiciales. 

-El niño nos dice que su amiguito lo come y cedemos. Pues no, si el niño nos dice que no quiere ponerse el cinturón en el coche no le dejamos, entonces ¿por qué cedemos en algo tan importante como su alimentación y educación nutricional?

-Está con sus abuelos y estos para contentarle le compran este tipo de productos. Pues será necesario explicarles a sus abuelos lo que queremos que merienden y por qué.

Antes de proporcionar algunas ideas sobre meriendas saludables os pongo como ejemplo comparar el contenido en vitaminas y minerales de 10 galletas “maria” y un plátano. ¿Qué elegir? Yo lo tengo claro.

 

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Valoración realizada con programa dial.

MERIENDAS SALUDABLES

Podemos tomar frutas frescas o en batidos, frutos secos como nueces, almendras, avellanas o anacardos. Las zanahorias crudas o yogur con frutos rojos son otras opciones saludables. Para los amantes del bocadillo utilizar pan integral con queso, tomate y jamón, aguacate y atún o con “nocilla casera”… Hay muchas posibles combinaciones. Otra opción es elaborar unas galletas integrales  o bizcocho saludable que se puede acompañar con un cacao sin azúcar.

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Debemos tomar, elaborar y proporcionar comida real a toda la familia en el desayuno, comida, merienda, cena y excepcionalmente tomar y dar productos procesados.

BIBLIOGRAFÍA

1.Ruiz E, Ávila JM, et col. Energy Intake, Profile, and Dietary Sources in the Spanish Population: Findings of the ANIBES Study. In Nutrients. 2015 Jun; 7(6): 4739–4762.

2.Marie Ng, Fleming T et col. Global, regional, and national prevalence of overweight and obesity in children and adults during 1980–2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013. The lancet 384, 9945, p766–781, 30 August 2014

3. Kim Y, Je Y. Dietary fibre intake and mortality from cardiovascular disease and all cancers: A meta-analysis of prospective cohort studies. Arch Cardiovasc Dis. 2016 Jan;109(1):39-54.

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¡Como han cambiado las meriendas!

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