Hoy en día, nadie pone en duda que una alimentación saludable, junto con el ejercicio físico son dos pilares fundamentales para nuestra salud.
A través de los alimentos incorporamos a nuestro organismo todos aquellos nutrientes como vitaminas y minerales, que nuestro organismo necesita.
Una dieta variada y equilibrada nos garantizará el aporte adecuado de todas las sustancias que nuestro organismo necesita para su correcto funcionamiento.
Dentro de nuestra dieta una mención especial debe corresponder a las frutas y verduras. Las recomendaciones de ingerir tres raciones de fruta y dos verduras al día tienen su justificación en la gran evidencia científica existente sobre sus efectos en la prevención de enfermedades como podéis comprobar en estos artículos: 1, 2 ,3 ,4, 5
En países poco desarrollados, sus habitantes, por diversas razones no tienen posibilidades de llevar a cabo una dieta equilibrada, debido a la falta de alimentos. En dichos países, interesa conseguir productos que estén enriquecidos en aquellos nutrientes presentes en alimentos que no pueden incorporar a su dieta. En el año 2006 la Organización Mundial de Salud publicó una guía en la que se recogen datos sobre la fortificación de alimentos para evitar la malnutrición.
En los últimos años han proliferado en los supermercados de países desarrollados una gran cantidad de este tipo de alimentos. Son productos a los que se les añaden diferentes nutrientes durante su manipulación. En algunas ocasiones, las sustancias que se incorporan son aquellas que se pierden durante su elaboración. Otras veces se añaden con el objetivo de mejorar la salud o de reducir el riesgo de las personas a las que van destinados, y es cuando se les llama alimentos funcionales
El Reglamento (CE) Nº 1170/2009 regula todo lo relativo a las listas de vitaminas y minerales y sus formas que pueden añadirse a los alimentos. En el capítulo II, articulo 3, apartado b; dice que podrán añadirse vitaminas y minerales a los alimentos de forma biodisponible para el organismo humano en el supuesto de “mejorar el estado nutricional de la población o de grupos específicos de la población, y/o de corregir posibles deficiencias en la ingesta diaria de vitaminas o minerales debidas a cambios en los hábitos alimenticios”
Hasta aquí todo parece normal; es decir, si tomamos una dieta equilibrada y variada no necesitamos ningún tipo de alimento enriquecido. Sin embargo, este mensaje no llega de forma tan clara a nuestra sociedad, y encontramos situaciones que nos plantean dos problemas:
1. Las cantidades reales que incorporan del nutriente con el que enriquecen el alimento y las “creencias” por parte de la población. Es frecuente encontrarse con comentarios tales como: “no necesito tomar alimentos ricos en fibra porque ingiero leche con fibra” o “para qué tomar pescado azul si yo compro siempre huevos con omega 3”…
Pongamos el ejemplo de los ácidos grasos esenciales Omega 3. Entre los ácidos grasos polinsaturados más importantes de la familia omega 3 se encuentran los ácidos α-linolénico (ALA), eicosapentaenoico (EPA), docosahexaenoico (DHA). Se les atribuyen diversos beneficios para la salud principalmente porque producen una disminución de los triglicéridos en sangre. Por ello la EFSA (agencia europea de seguridad alimentaria) postula que las recomendaciones de las autoridades sanitarias europeas para el consumo de ácidos grasos poliinsaturados en
adultos son: 250 mg/día de los ácidos grasos de cadena larga ω3 EPA y DHA Estos ácidos se encuentran, principalmente, en los animales de origen marino.
Contenido de omega 3 por cada 100 g de producto:
Caballa | 2,06 g |
Salmón | 1,90 g |
Sardinas | 2,01 g |
Fuente: Fuente: Gil A & Serra L, 2013 (16).
Contenido de omega 3 por cada 100g de estos productos enriquecidos
Huevos enriquecidos ω3 | 0,26 g |
Leche enriquecida ω3 | 0,055 g |
Fuente: Puleva.es / Dagu.es
Necesitaríamos tomar casi 4 litros de leche enriquecida para ingerir la misma cantidad de omega 3 EPA Y DHA que contienen 2 sardinas (consideramos que 1 sardina pesa aproximadamente 50g).
2. Existe un “enriquecimiento discrecional” de vitaminas y minerales en los alimentos por parte de los fabricantes para fines de marketing, pero no como parte de una intervención de salud pública. Este artículo de scentia explica claramente la influencia en el consumidor, que ejercen las marcas de este tipo de productos mediante la publicidad.
Mi conclusión:
1. Los alimentos enriquecidos no son necesarios si ingerimos una dieta equilibrada y variada
2.La cantidad de ingrediente enriquecido en estos productos, la mayoría de las veces es muy inferior al que podemos encontrar en los alimentos de forma natural.
Otras referencias:
www.nutricioncomunitaria.org/BDProtegidos/guia_alimentacion%20SENC_I_1155197988036.pdf
http://www.puleva.es/pf/productos/omega/ficha_omega.html
http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/
http://www.dagu.es/es/huevos/omega3.htm
http://www.nutricion.org/publicaciones/pdf/nuevos_alimentos.pdf
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